martes, 4 de septiembre de 2012

Anécdotas de un Estudiante de Ingeniería en Informática- Parte 2


En el artículo anterior hablaba sobre el ábaco y sus bondades. Y sobre su larga perduración entre milenios...
¡No podía, para el ábaco, ser más acertada la idea de que se hiciese alguna patente intelectual, o de copy-right sobre el mismo! Alguna junta mercantil del Oriente Medio debió tener el tesón de Bill Gates, Steve Wozniak, o Steve Jobs (A quienes admiramos tanto) alguien, o algunos pudieron velar por sus derechos de propiedad intelectual, y tanto ellos como sus descendientes podrían vivir como zánganos hasta el vencimiento del plazo de ponderación del engorroso inmaterial...

¡La Cultura hay que Financiarla!
Mas fue tan grande aquella pérdida para la humanidad, que no se cobraron ni comisiones monetarias por el derecho al uso, ni por el derecho a la distribución de copias en aquellos tiempos dorados. Me doy cuenta cuán avanzados estamos hoy en día, antes por inventar algo no ganabas un sorete guaraní (G) por el mismo, sino que recaudabas el sustento a partir de la aplicación utilitaria del invento. Tampoco podía haber violación de patentes tecnológicas, porque simplemente no existían términos semejantes a la propiedad intelectual. Por lo que la distribución era libre, y cualquier modificación era responsabilidad total del usuario final.
Mas los avances tecnológicos, felizmente para el crecimiento de las grandes corporaciones del siglo XX y XXI, han venido empeñados bajo la tutela jurídica que proveen los Estados. Grandes benefactores del progreso tecno-científico, y de las constantes pugnas y litigios que terminan en guerras mercantiles, comerciales, económicas o hasta con armas bélicas entendido propiamente.
Esto se conforma en el Estado de Derecho, que deviene del Contrato Social, y que vela por el bienestar colectivo y mayoritario.
Calculador de Napier
Es a partir del siglo XVI que un individuo llamado John Napier (1550-1617) acercó a la humanidad a un nicho esencial para la deducción del cálculo automatizado, y racional: la deducción de procesos matemáticos de multiplicación, exponenciación con la ayuda de logaritmos naturales, o neperianos. En base a ellos construyó en 1614 las primeras tablas de los mismos.
Años posteriores John Napier ideó un calculador con tarjetas que permitía multiplicar, recibiendo éstas el nombre de estructuras de Napier. 
"Napier estableció el puente entre el ábaco, y las primeras calculadoras mecánicas"

Mediante indagación propia, descubrí (a través de páginas insolentes que no respetan las patentes intelectuales, como Wikipedia) Algunos hitos de la historia del cálculo racional y automático (o semi-automático) que no se mencionaron en mi libro.
Quipus
En varias civilizaciones precolombinas que poblaron América, se manejaba un sistemático abordaje de datos. Registros cronológicos (tanto del período colombino, como del pre-colombino) narran el uso del "quipus", y de la "yupana". No siendo éstos nada subestimables frente a otros artefactos de cálculo que circulaban por Europa.
 Constaba el quipus de un sistema meticuloso y muy elaborado de varios nudos, que se diseminaban a lo largo de un grupo de cierto número de cuerdas verticales que yacían unidas horizontalmente por una gruesa cuerda transversal. Se presume, según investigaciones arqueológicas, que los quipus o bien pudieron ser herramientas de cálculo; o bien sirvieron para como herramientas crono-historiológicas. Posiblemente fue también un sistema nemotécnico. Las razones y los porqués de estas afirmaciones las desconozco, y he decidido no avanzar más. Me conformo con conocer superfluamente las generalidades, pues no tengo planificado en convertirme en un "quipicamayoc".
Archivo: Yupana 1.GIF
Yupana

Por otro lado estaba la yupana, aún más interesante y prometedora que el quipu. Éste artefacto servía como herramienta de recuento, y se interpretaba cargándoles granos de distintas gramíneas. Se presumía que tenía funcionalidades similares al ábaco, mas no se ha determinado con completa exactitud su uso genérico.
Transcribiré un segmento bien preciso del reporte del español José Acosta, hecho ya en el siglo XVI, acerca de los Incas:

Verlos usar otro tipo de calculadora para los granos de maíz es un entretenimiento perfecto. Con el fin de llevar a cabo un cálculo muy difícil, para el cual un calculador hábil habría requerido papel y pluma, estos indios hacen uso de sus granos. Colocan uno acá, tres en algún otro lado y ocho no sé donde. Mueven un grano acá y allá y el hecho es que son capaces de completar su cálculo sin cometer el más pequeño error; de hecho, son mejores en aritmética práctica que nosotros con pluma y tinta. Permítanles juzgar si esto no es ingenioso y si esta gente son animales salvajes! Lo que considero como cierto es que en lo que se comprometen a hacer son mejores que nosotros.

-Extraído de la  Historia Natural Moral de las Indias, y facilitado por la violadora de patentes intelectuales: Wikipedia-

Reloj Calculante
  
Volviendo a Europa y su Viejo Mundo, en 1623 surge el científico alemán Wilhem Schirkard (1592-1635) e idea una calculadora mecánica denominada reloj calculante, que funcionaba con ruedas dentadas, y que era capaz de sumar y restar. Mas nunca la llevó a la práctica, ni a la materialización. Fue creada a principios del siglo XX, por ingenieros de IBM.

Algunos años después, en 1642, el cristiano, matemático, escritor y filósofo Blaise Pasal, quien cuando su padre fue nombrado Comisario Real y jefe de recaudación de impuestos para Normandía con asiento en Ruan. Pascal había parido uno de sus vástagos más antiguos: La Pascalina o <<Rueda de Pascal>>, la cual era un artefacto de cálculo mecánico simple, que buscaba simplificar algunas operaciones aritméticas y prácticas.
Pascalina, o Máquina Áritmética de Pascal.
La Pascalina en un principio fue una máquina de adición. Llegó a patentarse por su creador, y se trató de comercializarla por un corto plazo. Se produjo para la causa alrededor de 50 máquinas, de las cuales sólo se conservan nueve ejemplares. Pascal había montado su propia empresa, pero ésta no llegó a ser tan fructífera como era de esperar por los altos costos de las máquinas, y por sus escasas aplicaciones en el campo del cálculo. Las máquinas eran sumamente trabajosas para su confección artesanal, y sólo realizaban operaciones simples. Era mejor negocio hacer cálculos mentales, que invertir en un artilugio de colección.
 Llegó a ser perfeccionada por su creador, para que ésta realizase adiciones y sustracciones simultáneamente. Uno de los primeros ingenios del campo de la informática, que data de la Edad Moderna, fue un avance tecnológico, mas no un avance comercial.
"Curiosamente estuvo patentado como propiedad intelectual. Por ende: la primera propiedad intelectual de la historia moderna de la informática fue un fracaso económico, de la cual sólo se conservan nueve valiosos ejemplares de los cincuenta reproducidos en aquel entonces"

En 1650, Patrige, basándose en los descubrimientos de Napier, inventó la regla de cálculo, una pequeña regla deslizante sobre una base fija en la que figuraban diversas escalas para la realización de determinadas operaciones. Fue muy utilizado hasta los 70' , cuando las calculadoras electrónicas constituyeron un mejor sustituto.
He transcrito esto de mi libro, ya que veo como fundamental el conocimiento de los antecedentes de un fenómeno, y porque creo de suma importancia conocer un artefacto que ha quedado obsoleto hace no más de medio siglo del actual año corriente.
En Wikipedia encontrarán una información mucho más detallada de la que yo puedo proveer:               

http://es.wikipedia.org/wiki/Regla_de_c%C3%A1lculo

*http://www.reglasdecalculo.com/manuales.htm

Paralelamente a Pascal, en 1666 (curioso año) el matemático inglés Samuel Morland inventó otro aparato mecánico que realizaba operaciones de suma y resta; se la denominó Máquina Aritmética de Morland. Sus funciones y prestaciones se asemejaban a los de la pascalina ¿Habrá tenido algún litigio internacional por violar la patente de Pascal?
Máquina de Leipniz
Pocos años más tarde, en 1672, el filósofo, matemático y acérrimo cristiano Gotfried Wilhelm von Leibniz  (1646-1716) (Sólo acuérdense del mismo como Leibniz) mejoró la máquina de Pascal construyendo su calculadora universal, capaz de sumar, restar, dividir, multiplicar y extraer raíces cuadradas. Se caracterizó por hacer multiplicaciones en forma directa, y sin sucesiones sumatorias, como en la máquina de Pascal.
La misma historia de la informática nos demuestra que los primeros artefactos han ido reinventándose en una íntima simbiosis, y que cada inventor ha tomado iniciativas prestadas, para mejorarlas en pos de su propio beneficio. Esto no meramente tuvo repercusiones particulares, sino que favoreció a colectividades ingentes, las cuales inmortalizaron tamañas inventivas, tanto que las mismas se ven reflejadas en nuestros libros fundamentales de iniciación de algoritmia. ¿Por qué se habla de una mera historia y no de una trascendencia filosófica? La historia sin filosofía, es historia muerta. La informática sin software libre, es igualmente inerte.
Calculadora de Hahn
Aritmómetro
Utilizando como modelo la calculadora de Leibniz, el francés Charles Xavier Thomas (1785-1870)
construyó una máquinaque además de funcionar a la perfección, tuvo un gran éxito comercial. A esta máquina se la denominó aritmómetro.
En 1779, Mattieu Hahn construyó una máquina de calcular práctica y atractivamente original, capaz de realizar sumas, restas, multiplicaciones y divisiones.
Telar de Jacquard
Ya en el siglo XIX, en el año1805 el francés Joseph Marie Jacquard (1752-1834) después de algunos intentos anteriores, construyó un telar automático que realizaba un control perfecto sobre las agujas tejedoras, utilizando tarjetas perforadoras que contenían los datos para el control de las figuras y dibujos que había que tejer. Podemos considerar el telar de Jacquard como la primera máquina programada.

Hasta aquí termina mi labor de narrador, a la espera del lanzamiento de un próximo artículo.

Mas, antes que nada, quiero asegurarme y serciorarme que algo de lo que escribí quedó en el cráneo de mis lectores. Si escribo es para que tanto yo, como mis lectores APRENDAN.

*En Europa y demás:
En primer lugar se cita al ábaco -->> luego a la calculadora de Napier -->> viene el reloj calculante de Wilhelm Sckirckard (la cual no se llevó a construcción) -->> Blaise Pascal patentó la pascalina -->> Samuel Morland inventó la Máquina Aritmética de Morland, semejante a la pascalina -->>Leibniz mejoró la pascalina e inventó la calculadora universal -->> Xavier Thomas comerció e inventó el aritmómetro -->> Mattieu Hahn diseñó y construyó una calculadora de mano y cuasi-universal -->> Joseph Marie Jacquard idea y construye un telar mecánico y automático del que deriva su nombre: El telar de Jacquard.

*En América:
No se puede hablar mucho de América, pues los españoles destruyeron todo y arrasaron con el continente entero.
Sin embargo, se tienen registros del quipus, y del yupana. A estas herramientas no se les atribuye ningún creador, sino que fueron propiedad de las culturas ancestrales de la actual hispano-américa. Entre ellas, la más proclive al uso fue la del Imperio Inca. Nuevamente nos encontramos con artefactos que han ido mejorándose bajo un proceso de ensayo-error multitudinal y milenario, sin que ningún ente privado pudiese patentarlo, para adquirir injustos beneficios egoístas y engorrosos.

Mas cuán controversial y paradójica es la cultura occidental, de la que descendemos los latinoamericanos, ya que no sucede igual con los actuales sistemas informáticas infinitamente más complejos y dependientes de fenómenos aleatorios. Inevitablemente se requerirá un continuo mejoramiento, y una ardua tarea de diseño y perfección: softwares en general, son ejemplos plausibles. Mas a este delicado y pedregoso proceso de ensayo-error se le ponen trabas aún más pesadas que las que posee por defecto: Las patentes Intelectuales, las restricciones legales, los litigios internacionales, el copyright, los derechos de autor... etc.
Podrá todo ser patentado bajo licencias privativas, para un sinfín de beneficios egocéntricos y monopólicos, mas los beneficios monetarios, no son sinónimo de desarrollo económico. El hecho de que existan patentes intelectuales ambivalentes e injustas para con los consumidores y usuarios finales, imposibilita el ideal flujo de la inventiva, y nos frena en el atraso.
Las patentes no son en su totalidad imprescindibles para el desarrollo de la tecnología, pues ésta es totalmente independiente de ellas. La tecnología nace con fines utilitarios, en general.
Tanto la ciencia, como la tecnología (el uso que se le da a la ciencia) nacen independientemente de las patentes intelectuales. Mayormente son necesarios los esfuerzos  colectivos para la realización de un fin, y para la resolución de problemas cotidianos.
La tecnología se aboca para solucionar fenómenos problemáticos, y es para ello que se vale del saber científico. Sin embargo, la tecnología se vuelve en un problema, cuando ésta es avalada por gendarmerías legales que imposibilitan un andamiaje justo en la economía.
Es paradójico y contradictorio que: utilizando la tecnología para solucionar una problemática particular,  se establezcan barreras legales y estigmas privativos para tener control total sobre los usuarios finales, quienes de hecho y de derecho son al ciento por ciento responsables de sus bienes adquiridos, y no tienen por qué estar en dependencia de las grandes corporaciones y multinacionales.